Resulta que indagando en Facebook tropiezo con un tipo que siendo ex compañero de trabajo no tengo ninguna relación con el ni quiero.
Aclaro, el tipo en cuestión, empezó a trabajar conmigo nada mas entrar en la empresa, es decir entro como becario y mis jefes me lo endosaron a mi para formarlo, el tipo no tenia ni idea y su formación había sido hacer un cursillo de delineación poco riguroso pero casualmente su padre trabajaba en la empresa y a base de dar la lata logro que el hijo entrara a trabajar, como digo me encargaron la formación y así lo hice durante nueve años que estuvo conmigo, me imagino que algo aprendería un año tras otro, debo confesar que conforme pasaba el tiempo avanzaba pero tampoco era un lumbrera, como su jefe que era en alguna ocasión propuse que le subieran el sueldo a los jefes tanto míos como suyos.
En una ocasión lo despidieron de la empresa y se quedo sin trabajo, casualmente en otro departamento necesitaban gente y me preguntaron si podían contratarlo,y yo lo recomendé ,le hicieron un nuevo contrato y entro a trabajar en el otro departamento, mira por donde me entero de que el capullo había dicho que su maestro haba sido un tipo con el lo pusieron a trabajar en el otro sitio.Sin comentarios.
Al cabo del tiempo volvió conmigo y para que fuera entrando haciendo mas cosas me lo lleve de viaje llevando el su coche lo que suponía que le pagaban el kilometraje, me dio las gracias diciéndome que lo agradecía mucho ya que era su cumpleaños y podía disponer de dinero.
Otra vez hicimos un trabajo extraordinario y un cabron del departamento quiso que lo quitaran de hacer las horas extras a lo cual me opuse ,otra vez se produjeron despidos y me llamaron al despacho del jefe y entre dos personas a despedir estaba el y recomendé que se quedara sin meterme si al otro lo despedirían como así fue, otra vez que estaban formando un grupo de gente para enviar a Suiza el estaba propuesto viviría en un piso con otros y su mujer tenia que hacer de cocinera ,yo die que si estaban locos que eso no podía ser, por fin los convencía de que no hicieran tal cosa y menos que la mujer cocinara para los que vivieran en el piso . Las cosas de mi empresa.En fin estuvo trabajando conmigo nueve años, después lo enviaron a Suiza como intercambio, al cabo de dos años vino con un puesto mas alto y ya no trabajo conmigo aunque siempre me mostro hostilidad, pero mi apreciación seguía siendo que no era lo suficiente buena, ,reconozco que llego a un buen puesto aunque conmigo aplico aquel refrán de cría cuervos y te sacaran los ojos.
Siempre he dicho que lo que alcanzo fue porque a veces a la gente le toca la lotería primitiva y este es un caso de que a alguien lo toco consiguiendo ese puesto. En Suiza aprendió algo de Alemán pero alguien que sabia bien el idioma me dijo que hablaba como los indios en las películas del oeste.
Me jubile la y me despedí de el pero sabiendo que pocas cervezas tomaríamos ni de vez en cuando siquiera.
El otro día mirando por casualidad tropiezo en Facebook con el y una felicitación de otro compañero por ser su cumpleaños, con el que me llevo bastante bien por cierto aunque estemos los dos jubilados y de vez en cuando nos vemos,foto que tenia publicada en Facebook con un coche bastante grande y llamativo y este compañero lo felicitaba refiriéndose al coche y diciéndole que lo disfrutara que se lo tenia merecido. Esta es la estupidez que he leído.
Que yo sepa la primitiva no se merece te toca porque tienes suerte y ya esta pero merecimientos pocos.
Ah se me olvidaba a este compañero todos las navidades le envía un calendario de un cliente de la empresa, seguramente que es por eso por lo que le hace la pelota.
Yo no quiero calendario y menos viniendo del tipo.
De envidia nada no vayáis a pensar eso ya que siempre me he considerado superior al tipo por eso fui su jefe durante nueve años, pero las cosas suceden así y no hay que darle mas vueltas.
viernes, 30 de noviembre de 2018
La Explosion
La Explosión.
Nuestro relato comienza un mes de un año del siglo IX
¡¡ Vaya esta vez que pasa ¡¡ dijo gritando Yu Qui al ver el humo salir del frasco.
—Tranquilo cariño según me ha parecido ver has mezclado sal con sulfato de hierro y eso no puede salir bien dijo Lis Juin, cuando de pronto algo exploto en el fondo del sótano.
—Pues sí que estamos bien, ahora explota el matraz sin saber el motivo.
—Seguramente que por el tubo de comunicación ha fluido el líquido mezclado. —dijo Lis Yuin
—Son las tres de la mañana estoy cansado de tanto frasco, nos vamos a la cama a descansar mañana seguiremos.
Yu Qui y Lis Juin se marcharon a la cama cogidos de la mano y besándose parecía que el fracaso reciente no les afectaba a la hora de demostrar su amor.
Al día siguiente Yu Qui comenzó de nuevo sus mezclas de productos químicos,ayudándole Lis Juin con mucha precaución le arrimo a la mesa un saquito conteniendo polvo blancuzco recibido la tarde anterior aunque no conocían bien el contenido — Un amigo de Lis se lo había enviado conocedor de los experimentos que estaban realizando.
—Cuidado con eso que no se mezcle con el líquido verde —dijo Yu Qui.
—Tranquilo cariño, confía en mí.
—Confío tanto que no sabría que hacer sin ti en el laboratorio.
El sótano de la Pagoda en el cual experimentaba la pareja era un lugar húmedo con una ventana elevada pegada al suelo de la calle, no entraba luz suficiente y la pareja a veces despotricaban del local donde trabajaban.
En un momento determinado Yu Qui sentado en un taburete miro a su amada que frente a el mezclaba el polvo recibido con sosa caustica.
— Lis creo que nos estamos equivocando.
—Nadie ha dicho que fuera fácil ser alquimista y encontrar oro.
—Lo se cariño pero en mi desesperación he mezclado unos productos que tenía en la estantería y estoy esperando la reacción de la mezcla.
De pronto se escuchó una gran explosión que sacudió las paredes, Los dos alquimistas medio mareados salieron como pudieron del lóbrego sótano chamuscado, llenos de polvo negro se miraron las caras pintadas por el humo de la explosión y riéndose sin saber la causa de la explosión se abrazaron besándose y celebrando el estar vivos.
Ellos no lo sabían pero habían inventado la pólvora
Nuestro relato comienza un mes de un año del siglo IX
¡¡ Vaya esta vez que pasa ¡¡ dijo gritando Yu Qui al ver el humo salir del frasco.
—Tranquilo cariño según me ha parecido ver has mezclado sal con sulfato de hierro y eso no puede salir bien dijo Lis Juin, cuando de pronto algo exploto en el fondo del sótano.
—Pues sí que estamos bien, ahora explota el matraz sin saber el motivo.
—Seguramente que por el tubo de comunicación ha fluido el líquido mezclado. —dijo Lis Yuin
—Son las tres de la mañana estoy cansado de tanto frasco, nos vamos a la cama a descansar mañana seguiremos.
Yu Qui y Lis Juin se marcharon a la cama cogidos de la mano y besándose parecía que el fracaso reciente no les afectaba a la hora de demostrar su amor.
Al día siguiente Yu Qui comenzó de nuevo sus mezclas de productos químicos,ayudándole Lis Juin con mucha precaución le arrimo a la mesa un saquito conteniendo polvo blancuzco recibido la tarde anterior aunque no conocían bien el contenido — Un amigo de Lis se lo había enviado conocedor de los experimentos que estaban realizando.
—Cuidado con eso que no se mezcle con el líquido verde —dijo Yu Qui.
—Tranquilo cariño, confía en mí.
—Confío tanto que no sabría que hacer sin ti en el laboratorio.
El sótano de la Pagoda en el cual experimentaba la pareja era un lugar húmedo con una ventana elevada pegada al suelo de la calle, no entraba luz suficiente y la pareja a veces despotricaban del local donde trabajaban.
En un momento determinado Yu Qui sentado en un taburete miro a su amada que frente a el mezclaba el polvo recibido con sosa caustica.
— Lis creo que nos estamos equivocando.
—Nadie ha dicho que fuera fácil ser alquimista y encontrar oro.
—Lo se cariño pero en mi desesperación he mezclado unos productos que tenía en la estantería y estoy esperando la reacción de la mezcla.
De pronto se escuchó una gran explosión que sacudió las paredes, Los dos alquimistas medio mareados salieron como pudieron del lóbrego sótano chamuscado, llenos de polvo negro se miraron las caras pintadas por el humo de la explosión y riéndose sin saber la causa de la explosión se abrazaron besándose y celebrando el estar vivos.
Ellos no lo sabían pero habían inventado la pólvora
TODO EL MUNDO ERA FELIZ HASTA QUE…..
TODO EL MUNDO ERA FELIZ HASTA QUE…..
Robert miro su reloj digital, se aproximaba la hora de salida, su trabajo en la cadena de montaje le satisfacía aunque el sueldo no era muy alto pero le alcanzaba para vivir, la casa y la caña de cerveza de los sábados, tampoco para mucho más.
—Soy el que más rápido monta las palancas de las puertas y coloco la junta según parece estas máquinas son excelentes pero he visto el precio y con mi sueldo no me la puedo permitir.
También en la cadena de montaje trabajaba Aleya, de la misma edad que Robert y su pareja apenas cruzaban palabra durante la labor diaria, después de la jornada de trabajo era otra cosa, bromeaba sobre cuál de los dos el domingo llegaría antes a la meta que los trabajadores de la cadena señalaban al practicar running en su día libre. El premio era librarse de pagar las cervezas al final de la carrera, los tres primeros estaban exentos.
Después de la carrera y las cervezas se marchaban felices a casa a disfrutar de lo que quedaba del día, Robert y Aleya como pareja en realidad disfrutaban viendo una película generalmente de ciencia ficción que era el tema que más les gustaba, esta tarde tenían previsto ver un film llamado “Jandro y Rovena” que se habían bajado de Internet por un sistema ilegal pero muy popular entre sus amigos.
—Oye esta película promete le decía Robert mientras la escena representaba a dos camareros uno femenino y el otro masculino sirviendo copas en un bar.
Siguiendo con la escena, Rovena depositaba hielo en el vaso que tenía en la mano y a continuación le entregaba el vaso a Jandro que rellenaba con los licores del combinado.
—Parecen robots comentaban frente a la pantalla.
Terminada la película Robert y Aleya habían consumido su día libre se marchaban a la cama hacían el amor y felices y contentos se quedaban dormidos hasta que sonara el despertador para ir a trabajar como todos lunes y todos los días.
Un día día al llegar a la cadena de montaje en la que trabajaban, el jefe de planta llamo a varios de los trabajadores entre ellos a Robert diciéndoles:
—Es el ultimo día que trabajáis en la cadena de montaje, a partir de mañana vuestro puesto de trabajo será en el sótano limpiando piezas de las máquinas.
—Pero eso es ilegal dijo uno de los llamados.
—Sí, lo sé, podéis recurrir, las leyes están para algo y los abogados para defenderos si no estáis conformes, claro que tendréis que preparar pasta.
—Quien ocupara nuestros puestos. —dijo otro.
—Ya lo veréis—dijo el encargado.
El día transcurrió con la incógnita de lo que pasaría al siguiente, Aleya que no había sido llamada se incorporó a su puesto con la sorpresa de que frente a ella y realizando la misma labor que Robert tenia a unos brazos mecánicos realizando su mismo trabajo, el “robot” como lo llamaba el encargado había sustituido al hombre de la noche al día.
Los “robots” instalados trabajaban al ritmo que les habían marcado coordinando el trabajo con las personas que como Aleya de momento habían quedado trabajando en la cadena de montaje.
La insatisfacción fue general y también el pesimismo porque a los señalados por la sustitución de los “robot” también les habían bajado el sueldo por lo que los domingos se acabó el running, las cervecitas, las bromas y el pesimismo fue en aumento entre los trabajadores que veían como en sus puestos de trabajo eran sustituidos por aquellas maquinas llamadas “robots”. El domingo Robert y Aleya no tenían ilusión por nada, ni vieron película ni hicieron el amor, la infelicidad se había apoderado de ellos.
Aleya en su puesto miraba como trabajaban los brazos mecánicos de aquel artefacto que había sustituido a Robert, todos los días a la misma hora un operador, o así lo llamaban miraba algo en la espalda del “robot” interesada por ver que era aquello descubrió que era un simple botón, casi sin querer apretó el botón del “robot” más próximo, los demás robots pararon de trabajar los trabajadores manuales se dieron cuenta de la parada escuchándose en toda la planta una salva de aplausos.
Robert miro su reloj digital, se aproximaba la hora de salida, su trabajo en la cadena de montaje le satisfacía aunque el sueldo no era muy alto pero le alcanzaba para vivir, la casa y la caña de cerveza de los sábados, tampoco para mucho más.
—Soy el que más rápido monta las palancas de las puertas y coloco la junta según parece estas máquinas son excelentes pero he visto el precio y con mi sueldo no me la puedo permitir.
También en la cadena de montaje trabajaba Aleya, de la misma edad que Robert y su pareja apenas cruzaban palabra durante la labor diaria, después de la jornada de trabajo era otra cosa, bromeaba sobre cuál de los dos el domingo llegaría antes a la meta que los trabajadores de la cadena señalaban al practicar running en su día libre. El premio era librarse de pagar las cervezas al final de la carrera, los tres primeros estaban exentos.
Después de la carrera y las cervezas se marchaban felices a casa a disfrutar de lo que quedaba del día, Robert y Aleya como pareja en realidad disfrutaban viendo una película generalmente de ciencia ficción que era el tema que más les gustaba, esta tarde tenían previsto ver un film llamado “Jandro y Rovena” que se habían bajado de Internet por un sistema ilegal pero muy popular entre sus amigos.
—Oye esta película promete le decía Robert mientras la escena representaba a dos camareros uno femenino y el otro masculino sirviendo copas en un bar.
Siguiendo con la escena, Rovena depositaba hielo en el vaso que tenía en la mano y a continuación le entregaba el vaso a Jandro que rellenaba con los licores del combinado.
—Parecen robots comentaban frente a la pantalla.
Terminada la película Robert y Aleya habían consumido su día libre se marchaban a la cama hacían el amor y felices y contentos se quedaban dormidos hasta que sonara el despertador para ir a trabajar como todos lunes y todos los días.
Un día día al llegar a la cadena de montaje en la que trabajaban, el jefe de planta llamo a varios de los trabajadores entre ellos a Robert diciéndoles:
—Es el ultimo día que trabajáis en la cadena de montaje, a partir de mañana vuestro puesto de trabajo será en el sótano limpiando piezas de las máquinas.
—Pero eso es ilegal dijo uno de los llamados.
—Sí, lo sé, podéis recurrir, las leyes están para algo y los abogados para defenderos si no estáis conformes, claro que tendréis que preparar pasta.
—Quien ocupara nuestros puestos. —dijo otro.
—Ya lo veréis—dijo el encargado.
El día transcurrió con la incógnita de lo que pasaría al siguiente, Aleya que no había sido llamada se incorporó a su puesto con la sorpresa de que frente a ella y realizando la misma labor que Robert tenia a unos brazos mecánicos realizando su mismo trabajo, el “robot” como lo llamaba el encargado había sustituido al hombre de la noche al día.
Los “robots” instalados trabajaban al ritmo que les habían marcado coordinando el trabajo con las personas que como Aleya de momento habían quedado trabajando en la cadena de montaje.
La insatisfacción fue general y también el pesimismo porque a los señalados por la sustitución de los “robot” también les habían bajado el sueldo por lo que los domingos se acabó el running, las cervecitas, las bromas y el pesimismo fue en aumento entre los trabajadores que veían como en sus puestos de trabajo eran sustituidos por aquellas maquinas llamadas “robots”. El domingo Robert y Aleya no tenían ilusión por nada, ni vieron película ni hicieron el amor, la infelicidad se había apoderado de ellos.
Aleya en su puesto miraba como trabajaban los brazos mecánicos de aquel artefacto que había sustituido a Robert, todos los días a la misma hora un operador, o así lo llamaban miraba algo en la espalda del “robot” interesada por ver que era aquello descubrió que era un simple botón, casi sin querer apretó el botón del “robot” más próximo, los demás robots pararon de trabajar los trabajadores manuales se dieron cuenta de la parada escuchándose en toda la planta una salva de aplausos.
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